La vida da tantas vueltas, que a veces simplemente no te da tiempo a respirar. Aquello que tenías, creíste haberlo perdido para encontrar algo mejor y por aquello mejor dejaste aparte lo poco que tenías. Pero lo nuevo no siempre es correcto, ni todo pasado fue mejor.
Dejaste a un lado las oportunidades nuevas, porque… si ya lo tenías todo ¿Para qué algo más? Y ese todo poco a poco fue desapareciendo. Esas personas que estarían para siempre se olvidaron de tu existencia. Te consta: nunca va a ser lo mismo. Y sufres porque lo entiendes: dejaste las oportunidades porque había algo que te importaba más en ese momento. Solamente te faltó entender algo: eso más importante era sólo una ilusión, una idea que se te vino a la cabeza. Porque ellos cuando pudieron se alejaron, te dejaron, te abandonaron. Y sigues con la ilusión de volver atrás aunque hayas asumido que todos cambiaron.
De pronto como por arte de magia, las oportunidades vuelven. Será el destino? O acaso simplemente que la vida gira de tal manera que te regresa al principio? Aquello que creíste perdido se regenera poco a poco. Ya no los necesitas tanto porque tienes nuevas personas que te valoran por lo que eres. Personas que se tomaron la molestia de volver a tu vida, tal vez con un empujoncito, tal vez por casualidad. Esa gente que no te tomaste el tiempo suficiente de conocer, porque tenías algo que “valía la pena”. Eso sí: sabes que ya no lo vale.
Y entiendes algo muy importante: las manos en el fuego no se ponen por nadie. Porque esa persona no va a ser capaz de hacerlo por ti. Vive tu vida, haz lo que quieras, porque al fin y al cabo si te guías por los demás terminas haciendo cosas que no quieres… solo porque ellos así lo quieren.














