
Y en la soledad de la noche, ella recuerda todo lo malo y la alegría se le esfuma de los ojos cual fugaz rayo en plena tormenta. La decepción recorre su rostro y lo empalidece. Siente que no tiene nada que perder.
El brillo no es el mismo, incluso no se le puede comparar con esa jovialidad que demostraba. Crece y con ella la vida golpea crudamente su cuerpo y su alma. Tal vez nunca pueda recuperarse de ese estado.
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